PRENSA

  • El atleta con discapacidad visual triunfa por segundos Juegos consecutivos en el tartán, con su guía Guillermo Rojo

    Gerard Descarrega reina en la velocidad sobre el tartán, oro en 400 metros con una superioridad apabullante. Un tiempo de 50.42 para él y su guía Guillermo Rojo, por delante del namibio Shikongo y el francés Makunda. Segundo oro para el español, después del de Río 2016, y medalla 18 para la delegación española en Tokio 2020.

    La carrera fue suya de principio a fin, con un arreón final en la recta que hasta se permitió el lujo de disfrutar, como confesó después. A su lado, sus ojos, Guillermo Rojo, a quien le unía una cuerda de apenas veinte centímetros, agarrados los dedos anular, índice y corazón, de la mano derecha de Descarrega, con los de la izquierda de Rojo. Un todo. «Confesaré que, cuando tenía 13 o 14 años, me imaginaba estar en unos Juegos y me ponía a llorar. Competir contra los mejores lo pude hacer durante tiempo, pero estar aquí es otra cosa completamente diferente porque trasciende la mera competición. Es una pasada. Me aporta el trabajar en conjunto en un deporte individual. Una rutina muy placentera para mí», habla para ABC Guillermo Rojo, los ojos de Gerard Descarrega. Es su guía y su confidente, quien le indica qué hay para desayunar en la Villa Olímpica, y quien disfruta ahora de un oro paralímpico. Primero para Rojo, pero segundo para Descarrega, que ya fue campeón en esta prueba de 400 metros en Río 2016.

    Descarrega necesita a Rojo para triunfar, pues nació con retinitis pigmentosa, que le fue deteriorando la visión hasta dejarla prácticamente nula. Estudió psicología casi por tradición familiar, pero también porque, como deportista de élite, sabe que la cabeza es el 50 % del éxito, no solo las piernas. En su caso, un porcentaje también corresponde a Rojo, entrenador de astronautas de la Estación Espacial Europea y su mitad. «La confianza se trabaja como una relación personal, día a día, lo mejor es conviviendo. Una vez él ve que lo llevo por buen sitio, confía. Y tampoco es que Gerard tenga mucho miedo a nada», prosigue Rojo. Tiene razón. En 2018, Descarrega emprendió un viaje de mes y medio por Nueva Zelanda con el único equipaje de una mochila, un saco de dormir y su bastón de ciego. No bastó más para vivir la aventura. También ascendió el pico Aneto (3.404 metros), en el Pirineo aragonés, y el Allalinhorn (4.027), en Suiza.


    «No hay nadie más feliz ahora mismo. Es felicidad pura. Hemos hecho la carrera perfecta», resumió Descarrega con la medalla en la mano. «Han sido unos años complicados, cada uno ha vivido la pandemia como ha podido. Pero hemos tenido cambio de entrenador, cambio de ciudad, la operación de Gerard. Ha sido una historia de incertidumbre, pero hay que echarle narices a la vida. Yendo a contracorriente: ¿cómo cambias de entrenador? ¿Cómo cambias de entrenador a un año de los Juegos? Y estamos aquí para decir que se puede y que ha salido bien», continuó Rojo.

    Enlace: abc.es
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